UN MODELO SOSTENIDO SOLO CON VIOLENCIA
Mucho se habló, se
sigue hablando y seguiremos escuchando palabras y frases que en forma
permanente llegan a nuestros oídos: no se puede salir de casa por la inseguridad,
la gente está muy violenta ya es imposible caminar por la calle y otras de un tenor similar. ¿Nos hemos sentado
a reflexionar alguna vez a que se debe eso que llaman inseguridad? ¿Somos
conscientes del por qué se ejerce tanta violencia en la sociedad?
Es verdad, a diario
sufrimos ciertas formas de violencia que alteran nuestro carácter y muchas
veces nos vuelve violentos a nosotros mismos, salimos de nuestro hogar para
concurrir al trabajo, a la escuela, a realizar las compras o simplemente a
disfrutar de una caminata y sentimos esa sensación que algo no cuadra, que no
está bien. Parecería que actualmente el clima social está un poco enrarecido,
que nos altera y la mayoría de las veces no sabemos a que se debe.
Ese halo de
violencia que a veces es real y muchas otras llevamos dentro inconscientemente, pero que de todas maneras
nos altera y limita nuestra propia forma de vivir, queremos ser felices pero
hay algo que molesta y nos angustia.
Sabemos que hay
diversas formas de violencia: verbal, física, psicológica y que todas si
perduran en el tiempo van afectando y alterando nuestra vida, sea como víctimas
o victimarios en su ejercicio. Nos encontramos entonces que llegamos a
cosificar al otro/otra, a determinados grupos y de esa manera vamos modificando
nuestra escala de valores y aquello que veíamos como bueno, ya no lo es tanto y
quizás lo vislumbramos como malo, sin saber porque. Al llegar a esta altura
donde los demás ya no son personas sino cosas, aparece el fantasma del odio. Y
así como hay diversos tipos de violencia, también el odio comienza a tener
otras tipificaciones: odio personal, racial, religioso, deportivo, político, en
síntesis al distinto o al que no tiene nuestra misma forma de pensar.
Hasta aquí un análisis
del tema a nivel personal de cada uno de nosotros/as, pero lo peligroso es
cuando el odiar se expande en todo un grupo social, sea por su clase, por su
ideología y lo más grave cuando estos grupos lo hacen para no perder sus
privilegios y sus intereses, entonces las consecuencias sociales son terribles
y como veremos más adelante monstruosas.
Podemos hacer
referencia a la historia de Caín y Abel en el libro del Génesis del Antiguo
Testamento, de allí podemos extraer algunas reflexiones: comienza con la
envidia, oculta en el corazón del ser humano, el mal está agazapado a las
puertas de tu casa, pero tú debes dominarlo.
La envidia no
reprimida es fuente de violencia: “Quién odia a su hermano es un asesino” (1
Juan 3,15) y matar a cualquier ser humano es siempre matar a un hermano nuestro.
Violencia “justa” – violencia “injusta”
En el mes de agosto rememoramos algunos de estos hechos que enlodaron de sangre nuestro suelo patrio, en distintos lugares geográficos, pero en este país.
El 4 de agosto de
1976 fue asesinado por un grupo de tareas de la dictadura militar el obispo de
La Rioja, Enrique Angelelli, culminando la serie de muertos que iniciaran el 18 de julio en Chamical con el secuestro y posterior
asesinato de los sacerdotes Gabriel Longueville y Fray Carlos Murias; a los
pocos días ametrallaron en la puerta de su vivienda al dirigente campesino
Wenseslao Pedernera. Todos ellos martirizados por estar al lado de los
trabajadores y de los humildes, ayudándoles a organizarse para tener una vida
más digna. Esto molestaba a la clase empresarial y los militares le allanaron
el terreno para que no pierdan el privilegio de acumular riquezas y explotar a
sus obreros.
A la madrugada del
22 de agosto de 1972, 19 prisioneros fueron ametrallados en Trelew por fuerzas
de la marina, sólo 3 lograron sobrevivir. Todos ellos bregaban por una sociedad
más justa y equitativa, lo hacían por medio de otros métodos, la lucha armada,
pero hay distintas ópticas para valorar la violencia, cuando la ejercen los de
abajo es subversiva, cuando lo hacen los que defienden a los poderosos es
“justicia”.
También de
madrugada, pero el 4 de julio de 1976, los sacerdotes Alfredo
Kelly, Alfredo Leaden, Pedro E. Dufau, y los seminaristas Salvador Barbeito y
Emilio Barletti, serían acribillados en la misma casa religiosa donde vivían y
desarrollaban sus actividades. El hecho se conoce como “La masacre de San
Patricio o de los Palotinos” ocurrida en el barrio de Belgrano en la Ciudad de
Buenos Aires.
Coincidentemente
ellos también, al igual que los anteriores habían asumido la “opción por los
pobres”, una molestia que crispaba al modelo de sociedad que quienes se
consideran dueños de las vidas de sus semejantes, llegan a aplicar estos
métodos sanguinarios amparados por el poder y los grandes intereses económicos.
Podríamos
ampliar indefinidamente el listado de casos similares, como ejemplo
mencionaremos el asesinato del padre Carlos Mugica, el 11 de mayo de 1974 en
Villa Luro, Ciudad de Buenos Aires; y como botón de nuestra de esta metodología
de la opresión también en suelo latinoamericano, tenemos el crimen contra el
obispo Oscar Arnulfo Romero acaecido el 24 de marzo de 1980 en San Salvador, El
Salvador. Todos cometidos por sicarios de los regímenes que protegen a los
poderosos y dueños del poder, su consigna: eliminar a quienes son “mal ejemplo”
ante un modelo que necesita de esta extrema violencia para mantenerse vigente
en el mundo.
El mal agazapado en la
puerta de nuestra casa
En
la actualidad deberíamos cambiar esta frase ya que el mal lo tenemos presente
dentro de nuestra propia casa. Los medios masivos de comunicación penetran en
nuestro hogar y es muy difícil dominar su efecto sobre nuestros pensamientos y evitar
que nos quemen las neuronas haciéndonos creer cosas que realmente no estamos
preparados con un sentido crítico para verificar su autenticidad.
Hace
unos pocos días atrás, el papa Francisco en un reportaje en el programa español
“Salvados”, insistió en la responsabilidad de los medios de comunicación de
informar con veracidad, expresó: “Los periodistas deben
evitar cuatro pecados: la desinformación, la calumnia, la difamación y la
coprofilia. Sobretodo esta última, ese amor a la caca, amor a lo sucio, amor a
los escándalos. Eso es un pecado.”
Con
poco esfuerzo podemos verificar los riesgos que traen aparejados estos cuatro
ingredientes que menciona el Sumo Pontífice, si estamos desinformados caemos
mansamente en las redes de la calumnia y la difamación, esto producirá en
nuestras mentes los efectos del cuarto elemento, la coprofilia, es decir se
llenará de suciedad y los escándalos se descompondrán en nuestras mentes como
las heces lo hacen en la cloaca.
Si
bien existen muchos otros fundamentos que influyen en los integrantes de la
sociedad para llevarnos a ese estado que mencionábamos al comienzo de
situaciones que nos hacen perder parte de la felicidad que todos y todas nos
merecemos, creo que el bombardeo mediático es fundamental para infundirnos
temor y es precisamente el miedo lo que hace que este modelo persista sin que
nos animemos a resistirlo, no conocemos al enemigo y por lo tanto no sabemos
como enfrentarlo y muchas veces nos convertimos en funcionales a él sin darnos
cuenta que somos victimarios de nosotros mismos.
¿Existe la lucha de clases?
Evidentemente
que sí, pero no es generada por los que intentamos que en la sociedad haya
justicia social o una equitativa distribución de las riquezas, donde los pobres
puedan disfrutar de una vida digna y no ser sólo “mano de obra” para que un
patrón engrose sus bolsillos con nuestro esfuerzo. La lucha de clase, como
hemos visto en los ejemplos relatados en esta nota, la originan las clases
altas, las opresoras, las que no sacian su sed de acumular riquezas, cada vez
en menos manos, mientras millones de seres humanos sufren las inclemencias del
clima, de la falta de agua, de alimentos y mueran diariamente miles de niños,
jóvenes, adultos y ancianos a causa de todas esas falencias.
CADA DÍA MÁS VIOLENCIA Y
MENOS AMOR
Si
le agregamos a los pocos ejemplos que hemos señalado, todas las agresiones que
sufren pueblos enteros por bombardeos, invasiones militares y otras yerbas por
el estilo, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que este es UN MODELO
SOSTENIDO SOLO CON VIOLENCIA, y no es precisamente del lado del pueblo.
Un
fuerte abrazo y a continuar la lucha.
Nicolás Salcito
Ver la publicación completa en:
www.haciendocamino.com.ar/hc-184.pdf

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